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El Legado de Bourne


Jason Bourne era el espía perfecto, una máquina entrenada para acabar sin el menor pestañeo con quien se interpusiera en su camino, pero tras esa fachada se escondía un hombre que había perdido la memoria y la identidad. Tras recuperarlas, David Webb intenta llevar una vida común y corriente como profesor de Lingüística en la Universidad de Georgetown. Hasta que una mañana, mientras atraviesa el campus caminando, una bala pasa zumbando junto a su cabeza y Bourne se ve obligado a tomar de nuevo las riendas de su personalidad.
Pero los problemas no han hecho más que comenzar. Alex Conklin, su antiguo jefe en la CIA, y Mo Panov, el psicólogo que le ayudó a recobrar la normalidad, han sido ejecutados, lo que convierte a Webb en el principal sospechoso del crimen. Objeto de una nueva caza del hombre, el ex agente deberá enfrentarse además a Khan, un asesino a sueldo tan silencioso y mortal como el propio Bourne en sus mejores días.

La desvastada Chechenia, Nairobi, Creta y una cumbre antiterrorista en Reykiavik son algunos de los escenarios en los que se desarrolla esta trepidante novela, un thriller con el que Eric Van Lustbader ha sabido escarbar en la compleja psique de Jason Bourne sin traicionar el espíritu de su amigo Robert Ludlum.


Hasta que leí este libro, la trilogía de Bourne que llevaron a la pantalla me había encantado. Luego de leer la cuarta parte (no escrita por Robert Ludlum, sino por Eric Van Lustbader) me han dado muchisimas ganas de leer los 3 primeros libros. Se entendió perfecto el libro, pero hay demasiada información que difiere con respecto a la película. Los libros anteriores parecen tener muchisimos fundamentos e historias que no se llevaron a la pantalla grande y realmente es una lástima porque es una excelente historia.

Si vas a hacer lo mismo que yo y leer el cuarto libro con la info brindada por las tres películas, te diría que primero leas los 3 libros anteriores y después este. A mi me pasó mucho que de repente habían personajes que estaban vivos y en las pelis se mueren, otros que tienen una historia que nada que ver (todos los datos que dan de Bourne en las peliculas son una pequeña parte de la información que brindan los libros y hasta hay muchas cosas que están totalmente cambiadas). De todos modos el argumento resulta muy atrapante y Eric Van Lustbader ha llegado a desarrollar la historia con la calidad del creador de Bourne: Robert Ludlum (no he leido otros libros de Bourne pero si otros de Ludlum y la narración está muy bien lograda).



Suicidio

Pum. Ese probablemente sería el último ruido que José estuviera dispuesto a escuchar, cuando la bala se le alojara en el cerebro y le diera final a su vida. La decisión que acababa de tomar probablemente había sido la más difícil de su existencia, ya que nunca es fácil darle un fin voluntario a esta. A veces se necesita más pelotas para cometer un acto de suicidio que para solucionar los problemas que deben enfrentar la vida.

Ahí estaba el arma. La acción a llevar a cabo parecía tan simple pero era tan complicada. El reloj comenzaba a correr más lento. Cada segundo que pasaba era un segundo que empujaba a José a abandonar la estúpida idea de matarse, pero la decisión ya estaba tomada.

De repente se le antojó una cerveza, que sería la última de la noche y de su período en la tierra. Fue a la heladera, sacó una lata de Heineken y se la tomó de un tirón. El alcohol rápidamente subió a su cabeza y le permitió agarrar el arma apoyada sobre la mesa del living. Luego abrió su boca e introdujo el caño de la pistola dentro de ella. Después de un simple movimiento del dedo índice todo acabaría.

Cerró los ojos y comenzó a contar hasta 10. El décimo número sería lo último que pronunciaría. De repente se acordó que no había dejado comida en el plato de su perro. Fue a la despensa de su casa, buscó la bolsa de alimento y le sirvió a “Roni” su ración diaria, el cual a pesar de que siempre se ponía contento por la situación, esta vez permaneció en el rincón junto al lavadero con una mueca de tristeza y la cola quieta. Él no entendía lo que ocurría pero tenía el presentimiento de que no terminaría en nada bueno. Finalmente José volvió a entrar a la casa. Pasó por la puerta de su habitación y divisó la pila de libros apoyada sobre su mesita de luz. Entró para darle una última mirada a estos, los cuales lo habían acompañado desde su infancia. No existió momento en su vida en que José no tuviera algún libro sobre la mesita al lado izquierdo de su cama, casi siempre con un señalador marcando alguna página. Cada libro leído terminaba guardado en la biblioteca ubicada en el living, volviéndose un trofeo, el cual siempre se podría releer y volver a saborear el placer conseguido.

De repente sintió un último deseo. Quiso dejar unas palabras a sus dos hijas, que si bien hacía mucho tiempo se habían marchado de la casa y lo habían dejado solo, sintió que debía expresarles su sentimiento de aprecio y también pedirles disculpas. Era muy doloroso saber que no les había dedicado el tiempo suficiente, porque mientras ellas necesitaron un poco de tiempo de su padre, el se lo había negado pasando horas en su oficina escribiendo aquellos libros que tan famoso lo habían hecho, pero a su vez tan solo lo habían dejado. Tantas horas dentro de aquella pequeña habitación sin enterarse de que el mundo seguía y que él se lo estaba perdiendo. Cuando decidió salir y darse cuenta de que afuera existía una realidad cambiante, ya era demasiado tarde.
Al hacer todo esto, sintió la necesidad de contar una última historia, un último pensamiento. Plasmar las últimas palabras sobre un papel. Fue al living, agarró un anotador y una lapicera ubicados al lado del teléfono que se encontraba en una mesita, entre el televisor y el sillón blanco que usaba siempre que tenía ganas de leer un libro. Se sentó en una de las sillas de la mesa del living y comenzó a escribir. Pasaron las horas y también las páginas escritas.

De repente se despertó. Todavía seguía con los pies en la tierra. No se había suicidado. Miró el reloj. Eran las 9 de la mañana. Se preguntó si había sido solo un sueño, pero la duda despareció al ver el anotador sobre la mesa. Sonó el timbre. Rápidamente fue al baño, se acomodó los pelos y se lavó la cara. Atendió el llamado a su puerta y se llevó una sorpresa. Eran sus dos hijas, junto a tres pequeños niños que debían ser sus nietos. -¡Feliz cumpleaños abuelo!-

¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quien sabe?

Erase una vez un anciano que tenía un caballo para que lo ayude a labrar la tierra y poder cultivar su campo. Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano se acercaban para darles las condolencias y lamentar su desgracia, el anciano les dijo: -¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quien sabe?

Una semana después, el caballo volvio con una manada de caballos salvajes; tantos que aquella miserable finca paso a ser una de las que mas animales poseia. Entonces los vecinos felicitaron al anciano por su buena fortuna. Este respondio de identica forma: -¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quien sabe?

Cuando el hijo del anciano intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompio la pierna. Todo el mundo consideró eso como una desgracia. No asi el anciano que se limito a decir una vez mas: -¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quien sabe?

Una semana mas tarde, el ejercito entró al poblado y fueron reclutados todos los jovenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del anciano con la pierna rota, lo dejaron tranquilo ¿Habia sido buena suerte? ¿mala suerte? ¿Quien sabe?

Todo lo que a primera vista parece un contratiempo puede ser el disfraz del bien , ya decia aquel viejo refran, tan viejo pero tan usado “Las apariencias engañan”. Y viceversa: Todo lo que parece bueno a primera vista puede terminar siendo algo dañino que puede dejar cicatricez para toda la vida.

Tomado del libro “Sadhana, un camino de oración“, del místico y sacerdote católico Anthony de Mello (1931-1987).

Keane – Spiralling

Ooo!
Ooo!

I’m waiting for my moment to come
I’m waiting for the movie to begin
I’m waiting for a revelation
I’m waiting for someone to count me in

Cos now I only see my dreams, in everything I touch
Feel their cold hands on, everything that I love
Cold like some, magnificant skyline
Out of my reach, but always in my eyeline now

We’re tumbling down
We’re spiralling
Tied up to the ground
We’re spiralling

I fashioned you from jewels and stone
I made you in the image of myself
I gave you everything you wanted
So you would never know anything else

But everytime I reach for you, you slip through my fingers
Into cold sunlight, laughing at the things that
I had planned, the map of my world gets
Smaller as I sit here, pulling at the loose threads now

We’re tumbling down
We’re spiralling
Tied up to the ground
We’re spiralling
When we fall in love
We’re just falling
In love with ourselves
We’re spiralling

Did you wanna be a winner?
Did you wanna be an icon?
Did you wanna be famous?
Did you wanna be the president?
Did you wanna start a war?
Did you wanna have a family?
Did you wanna be in love?
Did you wanna be in love?

I never saw the light
I never saw the light
I waited up all night
But I never saw the light

When we fall in love
We’re just falling
In love with ourselves
We’re spiralling
We’re tumbling down
We’re spiralling
Tied up to the ground
We’re spiralling

Ooo!
Ooo!